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Jegan reduce su huella de carbono: el ratio de emisiones cae un 86% en tres años
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Jegan reduce su huella de carbono: el ratio de emisiones cae un 86% en tres años

Jegan ha reducido un 86% el ratio de emisiones de su proceso productivo entre 2022 y 2025, según los datos de su informe interno de huella de carbono. La compañía, especializada en fundición a presión de zamak para automoción, electrodomésticos y sectores industriales, hace seguimiento de estas emisiones desde 2020, midiendo su evolución en toneladas de CO₂e por tonelada de Zamak-5 consumida. El descenso, que se concentra sobre todo en los dos últimos ejercicios, sitúa a la compañía en niveles de emisión relativa muy por debajo de los registrados al inicio de la serie.

Una caída sostenida en los dos últimos ejercicios

El indicador, calculado en toneladas de CO₂e por tonelada de zamak consumida, se mantuvo estable entre 2022 y 2023, al pasar de 0,0228 a 0,0215 tCO₂e/t. El cambio de tendencia se produce en 2024, cuando el ratio cae a 0,0064 tCO₂e/t, un 70% menos que el año anterior, y continúa reduciéndose en 2025 hasta 0,0031 tCO₂e/t, un 52% adicional. En conjunto, esto representa una reducción acumulada del 86% en el periodo analizado.

Los indicadores complementarios siguen la misma tendencia: en 2025, la huella de carbono industrial de Jegan se sitúa en 0,0015 tCO₂e/m² y 0,0963 tCO₂e/empleado. Por trienios, la media del ratio pasa de 0,0169 tCO₂e/t Zamak en 2022-2024 a 0,0103 tCO₂e/t en el trienio siguiente, lo que confirma que la mejora se sostiene más allá de un único ejercicio.

Jegan calcula su huella de carbono empresa sobre la tonelada de zamak consumida, y no sobre la cifra absoluta de emisiones. El volumen de colada varía cada año en función de la demanda de los sectores atendidos, por lo que un dato absoluto podría variar sin reflejar ningún cambio real en el proceso. El ratio por tonelada aísla esa variable y permite comparar 2022 y 2025 en los mismos términos.

Qué explica una caída de esta magnitud

Según los datos del informe, una reducción del 70% en un solo ejercicio no es habitual en un proceso de fundición a presión, donde el consumo energético está ligado de forma directa a la fusión y proyección de la aleación. Un cambio de esta escala suele responder a una combinación de factores: mejoras en la eficiencia energética del proceso, optimización del consumo por unidad fabricada y el peso de la fuente de energía utilizada sobre el resultado del indicador. Que la caída se mantenga en 2025, aunque a menor ritmo, apunta a una tendencia de descarbonización industrial sostenida y no a un efecto puntual.

Un movimiento alineado con la sostenibilidad industrial del sector

Jegan enmarca este resultado dentro de una tendencia más amplia hacia la industria sostenible, en la que la huella de carbono deja de reportarse una vez al año para integrarse como indicador de gestión, junto a otros parámetros de eficiencia productiva. En la fundición, donde el consumo energético es un coste operativo relevante, reducir emisiones de CO2 y reducir consumo suelen ser, en la práctica, la misma mejora vista desde dos indicadores distintos.

El dato cobra especial relevancia en sectores como la automoción, donde los fabricantes de componentes forman parte de cadenas de suministro cada vez más auditadas en materia ambiental. Disponer de un ratio de emisiones documentado y con serie histórica permite a un cliente valorar no solo el nivel de emisiones de un proveedor en un momento dado, sino su tendencia a lo largo de varios ejercicios.

En Jegan, la medición de la huella de carbono forma parte de nuestra gestión, no solo de nuestro reporte

Reportamos esta serie de datos al Ministerio para la Transición Ecológica y el reto Demografico (MITECO) desde 2020, lo que nos permite comparar cada ejercicio con los anteriores en lugar de presentar una cifra aislada del año en curso. Esa continuidad es la que nos ha permitido identificar cuándo se produce el cambio de tendencia, a partir de 2024, y confirmar que se mantiene en 2025, algo que no sería visible con un dato puntual.

Esta forma de seguimiento nos permite situar la huella de carbono como un indicador más dentro de la gestión de nuestro proceso productivo, junto a otros parámetros como el consumo energético o el rendimiento por unidad producida, en lugar de tratarla como un ejercicio de reporte anual desconectado de la actividad de planta. Es esa integración, medir, comparar y dar seguimiento año a año, la que hace que una reducción del 86% no sea un dato puntual, sino el resultado visible de un proceso que seguimos monitorizando.